Jeroen Merchiers, director general de Airbnb España y Portugal: “Compartir casa y experiencias locales con viajeros, una tendencia imparable”

Para Merchiers, el nacimiento de plataformas online que facilitan la economía compartida o colaborativa han propiciado que ésta se vaya generalizando, pero el concepto no es nuevo, ya que la gente ha compartido sus casas con viajeros desde hace siglos. De igual forma, en el artículo de opinión de Merchiers que a continuación os facilitamos, el director general de Airbnb España y Portugal llega a preguntase cuál será el futuro del consumo colaborativo…

jeroen_Airbnb_140px“La economía compartida o colaborativa no es un concepto nuevo, ya que la gente ha compartido sus casas con viajeros desde hace siglos, sin embargo, el término se ha hecho más popular y la práctica se ha ido generalizando desde hace unos pocos años desde Estados Unidos gracias, sobre todo, al nacimiento de plataformas online que lo facilitan. ¿Por qué? Los motivos son muchos, pero la necesidad de aprovechar los recursos existentes de una forma sostenible sería la más destacada. Y es que, si todos nosotros viviésemos como el europeo medio, necesitaríamos más de 2,5 mundos para soportar nuestro nivel de vida. Por eso, a la hora de viajar también es posible contribuir a la sostenibilidad del medioambiente. Según Airbnb, hemos calculado que nuestros alojamientos compartidos consumen un 78% menos de energía que los hoteles.

Además, la interacción con otros se está volviendo a ser cada vez más importante y la confianza es un pilar de la nueva era digital. En este sentido, Airbnb ofrece un modelo colaborativo al procurar el acceso a espacios ya existentes, maximizando su uso. Usar alojamientos de Airbnb al viajar disemina a los turistas por una ciudad, repartiendo los beneficios económicos del turismo entre una población mayor y más diversa. En el caso de España, contamos ya con un estudio del impacto económico en la economía barcelonesa que señala que estos viajeros de Airbnb han aportado 128 millones de euros en un año y que  la media de gasto en la ciudad es 2,3 veces mayor y se quedan 2,4 veces más tiempo que los visitantes típicos de Barcelona.

Por su parte, según la revista Forbes, los particulares que participan en plataformas de consumo colaborativo obtienen más de 3.500 millones de dólares. Y, de acuerdo con el feedback que recibe Airbnb de sus anfitriones, el 60% de los ingresos los dedican a gastos domésticos, de hecho, el 53% afirma que estos ingresos les han ayudado a conservar su casa en época de crisis.

Y en el terreno específico de los viajes, la oferta globalizada implica, además de unas plataformas tecnológicas adecuadas, unas organizaciones intermediarias para que el sistema funcione adecuadamente y cubra realmente las expectativas tanto de las personas que ofrecen sus espacios como de las que los usan al desplazarse.

Este tipo de cambios, realmente verdaderas tendencias globales, producen inquietud a muchos sectores de actividad. En este sentido, en el ámbito de los hoteles, éstos han seguido prosperando desde que Airbnb se fundó en 2008, por lo que creemos que ambos modelos pueden coexistir perfectamente. El viajero de Airbnb busca, además, de una oferta más asequible de alojamiento, una experiencia diferente. Quiere vivir como un londinense, un romano, un parisino, un barcelonés…. durante su estancia. Desea empaparse de costumbres locales y descubrir otra ciudad, no la que ve el turista convencional, y alojarse en casa de un residente en esa ciudad y muchas veces en un barrio alejado de los circuitos turísticos, se lo hace posible.

Sin embargo, para que este sistema funcione convenientemente, se hace necesario introducir nuevas regulaciones o clarificar las existentes, es decir, definir claramente las reglas del juego. La Unión Europea, por ejemplo, ya elaboró hace unos meses un dictamen de iniciativa en la que señalaba: “El consumo colaborativo representa la complementación ventajosa desde el punto de vista innovador, económico y ecológico de la economía de la producción por la economía del consumo. Además supone una solución a la crisis económica y financiera en la medida que posibilita el intercambio en casos de necesidad”. Las autoridades municipales de ciudades como Amsterdam o Hamburgo han entendido esto y apoyan abiertamente el consumo colaborativo, sin embargo, en otras como Barcelona, la legislación vigente pone trabas a una tendencia imparable que representa la innovación y las nuevas tecnologías. Por su parte, las empresas deben reinventarse aprovechando la tecnología colaborativa para establecer una relación con sus clientes y permitirles el acceso a productos o servicios, más que vendérselos. Esto cambia, lógicamente, de forma radical el modo en que se crean, distribuyen, fijan los precios, acceden y consumen éstos. Muchas empresas consolidadas ya se han unido a este movimiento. Toyota, por ejemplo, alquila coches del stock de sus concesionarios y Patagonia se ha asociado a eBay para animar a los clientes a comprar y vender sus productos usados.

Desde el punto de  vista de los consumidores, la acogida ha sido muy buena, el crecimiento de la comunidad de Airbnb y otras plataformas de consumo colaborativo lo evidencian, y asociaciones como la OCU en España, han recibido también de forma positiva los modelos de negocio basados en el consumo colaborativo.

¿Cuál será el futuro del consumo colaborativo? De acuerdo con el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT),  su potencial es enorme, en torno a los 110.000 millones de dólares. Se calcula que hoy ya se sitúa en 26.000 millones de dólares. Por su parte, la consultora Nielsen señala que el 53% de los españoles estarían dispuesto a compartir o alquilar bienes en un contexto de consumo colaborativo, nueve puntos por encima de media europea (44%). La crisis seguro que tiene algo que ver en este porcentaje, pero en cualquier caso, creemos que también es reflejo de una sociedad que quiere cambiar la manera en que vive. Euromonitor International asegura, también, que el consumo colaborativo seguirá en alza en los próximos cinco años y la revista Time encuadró a la economía colaborativa como una de las diez ideas que cambiarán el siglo XXI. No es algo que veremos, estamos viendo ya ese cambio”.